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Historias de cuando el vino se pagaba a real.
Por Emilio Barco

Artículo publicado en el Periódico La Rioja el sábado, 12 de Diciembre de 1998

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Permitanme una historia: Entre 1845 y 1854 el precio medio del vino en la provincia de Logroño fue de once céntimos el litro. El año 1855 se pagó a veintitrés céntimos, a 25 el año 1856, a 29 el siguiente y a 27, 25, 28, los tres siguientes. Si sirve de referencia, el jornal medio en la viña era entonces de unos siete reales. Eran los años en los que el oidium reducía la producción a menos de la mitad, la expansión económica "recorría" Europa, 4 ferrocarril revolucionaba los transportes, las ciudades crecían y la demanda de vino aumentaba. Nace el negocio vinícola, se invierte en elaboración y crianza, se crean nuevas empresas y se produce lo que algún historiador llama la "democratización y diferenciación" del consumo del vi-no. La filoxera, que se dejó notar en las producciones francesas desde 1868, contrarrestó los cambios en la bonanza económica y permitió mantener todavía durante algunos años más la euforia en el sector vitivinícola riojano. Tres consecuencias; mantenimiento de pequeños propietarios en el sector, creación de grandes empresas vínicas y duplicación de la superficie vitícola en la provincia.

Años aquellos en los que de la viña y del vino salia mucho dinero. El Marqués de Terán, la Condesa de Teba, Francisco de Zulueta, González Estefany, Ortiz Solorzano, Ramírez de la Piscina,... grandes propietarios que vendimiaban cada año entre diez y veinte mil cántaras de vino, obtenían unos beneficios anuales superiores a las 25.000 pesetas. En el otro extremo muchos pequeños propietarios (menos de tres hectáreas de viñedo) que se ganaron la vida en estos años de bonanza. Entre ambos grupos, medianos propietarios que respiraron. Si sirve de referencia, un jornalero y su mujer, trabajando de sol a sol se llevaban ni año unas quinientas pesetas. Muchas cosas tuvieron que ocurrir por aquí en aquellos años.

Historias de hace cien años. Historias. Pasado. Hoy lo que se lleva es otra cosa. El sector está plenamente instalado en la modernidad; cotiza en bolsa y demanda ser declarado patrimonio de la humanidad. Lo que hace ahora un siglo después de la euforia, era un valle de lágrimas ,por culpa del "gusano maldito que trajo la filoxera", es ahora un símbolo de poderío colectivo e individual envidiado más allá, incluso, de las fronteras patrias. La tercera generación está orgullosa y, sin duda, tiene motivos para estarlo. Lo malo es que hay quien parece estar empeñado en no dejarles disfrutarlo. ¿Y si se resiente el mercado? ¿Y silos consumidores no responden? ¿Y si se hunden las ventas? Catástrofes. En este final de siglo "el gusano" parece tener forma de mercado. Una muestra más de los profundos cambios que se han producido en este sector durante más de un siglo, de los cuales algunos han llegado con bastante retraso, Como consecuencia de lo que por aquí tuvimos. Y cuando, aunque tarde, llegan, y llegan para bien, nos asustamos. También ahora hay chupachuses a duro (apenas unos gramos de dulce sobre un palo más gordo) y los hay también de cinco duros. Democratización y diferenciación en el consumo de chupachuses, algo que hicieron nuestros bisabuelos con el vino; valores que nosotros, entre la filoxera primero y la vorágine de nuestra particular modernidad después, olvidamos y con los que, por 19 que parece, la historia (o el mercado, vaya usted a saber qué) nos brinda una vez más la oportunidad de identificamos.

Sin duda que estas cosas de la historia tienen poco predicamento, ya lo sé, tan poco como (o mucho menos que) esas otras cosas del presente o del pasado inmediato, que constituyen nuestro particular monstruo del lago DOC, que como aquel otro, aparece y desaparece de cuando en cuando para dejarse fotografiar, sin que todavía hoy ni turistas ni residentes, se atrevan a confirmar su existencia; el acuerdo interprofesional es nuestro monstruo. Otra de esas cosas a las que también llegamos con retraso. Poco importa si el sector sigue funcionando y el monstruo sigue siendo lo que aquel: reclamo de vez en cuando. El sector está donde está y está como está porque hizo cosas, algunas a tiempo y otras con cierto retraso, algunas ayer y otras hace cien años. Lo malo en estos tiempos, es quedarse parado y por lo que se ve en este sector hay mucha gente que no sabe lo que es estar parado y que vive en presente. Como para venirles ahora con historias del pasado, y mucho menos con preguntas sobre un futuro que no existe, aunque sólo sea, sencillamente, por que están convencidos de que estos días andan haciéndolo ellos.

Permítanme una de actualidad; el precio medio del vino entre 1985 y 1994 fue de 103 pesetas el litro. El doble en 1995, algo más en los dos años siguientes, y el de este año puede llegar a pagarse, dicen las crónicas, (entre admiraciones) a más de seis mil pesetas la cántara. Y lo mejor: sin oidium. Saben lo que les digo, que lo anormal era que un vino que está a punto de ser patrimonio de la humanidad costase a veinte duros el litro. Y para terminar: los que entonces lo pasaron mal fueron los jornaleros porque además de no tener viñas bebían mucho vino. A ver si no cómo pasar aquel trago.

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