López de Heredia: la tradición como apuesta de futuro
La bodega


Para aquellos escépticos que dudan de la existencia de una máquina del tiempo, yo les recomendaría una visita a los calados centenarios de esta bodega. Porque afrontar la bajada a"El Calado" y sumergirse en los más de 7000 m2 de túneles y calados es como retroceder más de 100 años, hasta los tiempos de un visionario que apostó por el mundo y la cultura del vino con unos planteamientos revolucionarios para su época, muchos de los cuales todavía no han visto la luz, pero se mantienen intactos en las mentes de sus herederos, que todavía llevan con mano firme y serena las riendas de una de las bodegas más emblemáticas y familiares que podemos encontrar en La Rioja.

Los calados.


"El calado" es un gigantesco túnel de casi 200 metros de largo y una altura que permite apilar cinco líneas de barricas (lo normal es que sean tres). Fue excavado en piedra arenisca durante 15 años por canteros gallegos y la piedra extraída fue utilizada en las estructuras exteriores de la bodega. Se mantienen los raíles que se utilizaban para extraer la piedra, ahora sirven para que las barricas rueden con más facilidad. Las paredes están literalmente tapizadas de penicilium notatum y también abundan las arañas que aportan su granito de arena en la lucha contra las temidas polillas.

En un nivel inferior hay otra galería de túneles que se inundaron hace muchos años debido a una represamiento que se hizo en el Ebro y que provocó que subiera el nivel de las aguas. Dichos calados no están inundados por completo y se cuenta la anécdota de que se ha llegado a pescar en ellos alguna que otra trucha despistada.

Otros lugares de interés.

El icono de la bodega es el denominado Txori Toki (casita de pájaros en euskera); es el mirador que da la bienvenida al visitante y que gusta ser fotografiado desde multitud de ángulos. La pasarela de acceso está decorada con cristal grabado con ácido. Fue encargado a los artesanos más prestigiosos que en aquellos tiempos trabajaban en Barcelona a las órdenes de Gaudí.

Un lugar muy interesante es la tonelería de la bodega, en ella trabajan tres toneleros y un carpintero, que se encargan de elaborar y reparar todas las barricas de la bodega. Una barrica de 650 litros cuesta elaborarla de 12 a 14 horas y la realiza un único tonelero, que siempre graba su nombre en ella. Se utiliza roble americano, con el poro más cerrado (el roble francés cuesta el doble, la madera debe ser de más de 10 años, y para que se curta correctamente está un año a la intemperie y año y medio bajo cubierta.

La última incorporación a la estructura de la bodega es una sala de catas subterránea coronada por una tienda exposición diseñada por Zaha Hadid, una ecléctica artista bagdadí elevada al olimpo Pritzker de los dioses de la arquitectura. Un diseño aerodinámico bautizado como "la frasca" (su autora insiste en que este detalle es casual); alberga el mítico stand que López Heredia encargó para la Exposición Universal de Bruselas de 1910: el contraste generado recoge perfectamente la apuesta de futuro que la bodega pretende conseguir en base al mantenimiento de las tradiciones más autóctonas en la elaboración de sus vinos.
Las visitas

El trato en López de Heredia siempre es excepcional, uno tiene la sensación de ser un invitado en vez de un visitante; haciendo honor a su lema: 'Esta es nuestra casa, y el que llega a nuestra casa es nuestro invitado'. Ciertamente es una experiencia muy agradable realizar una visita guiada por una persona que además de conocer cada rincón que se muestra y cada dato que se comenta, es capaz de apreciarlo, valorarlo y llegar a transmitir al invitado parte de la emoción que todo ello conlleva. Para poder mantener este nivel y calidad, las visitas son siempre con cita previa: de 11 a 12 normalmente. Son en español, inglés, francés y el año que viene en alemán.
Un poco de historia

López de Heredia es la bodega más antigua de Haro, la tercera de toda la denominación. Este año se celebra el 150 aniversario del fundador que además coincide con el 130 aniversario de la fundación de la bodega.

Rafael López de Heredia y Landeta nace en Santiago de Chile en 1857, fundó la bodega con 20 años y un proyecto en la cabeza realmente visionario, hoy por hoy todavía no desarrollado en su totalidad.

Participó en la 3ª guerra carlista (la torre es un homenaje a las torres de vigilancia que utilizaban los carlistas). Se enamoró de la zona de Haro ... y de una jarrera. Su mujer (y estamos hablando de finales del siglo XIX) era la encargada de gestionar el dinero, pagar a los proveedores y empleados y preparar las catas (elegir las proporciones de vino que iban a formar el vino definitivo de cada tipo), tuvieron 14 hijos de los que sobreviven 9.

Buscó accionistas para invertir en la bodega pero todos vieron que el impulso de Rafael era crear una gran bodega, con lo que las inversiones no verían su fruto en mucho tiempo ya que habría que reinvertir continuamente para conseguir ese objetivo. Así que se quedó con toda la bodega. No hay accionistas, es una bodega familiar, por lo que cuando hay que hacer alguna inversión hay que 'rascarse un poco el bolsillo entre todos'

Rafael López de Heredia y Landeta da paso a su hijo Rafael López de Heredia y Aransáez, el cual tiene 2 hijos (Rafael y Pedro); el siguiente que toma las riendas de la bodega es Pedro López de Heredia, el cual, hace poco, ha delegado la gestión de la bodega en sus hijas María José López de Heredia (como gerente) y Mercedes López de Heredia (enóloga) y en su hijo Julio César (encargado del campo).

Lo normal en las familias es que la primera generación crea el negocio, la segunda lo hereda y la tercera lo funde; esto no se cumple en absoluto en López de Heredia: se adivina en los actuales administradores de la bodega ese mismo impulso constructivo y artesano del fundador: la ilusión del proyecto original del fundador sigue viva.

La larga historia de la bodega nos regala anécdotas muy curiosas:

La bodega regaló a los soldados que participaron en la batalla de Cuba y tuvieron la suerte de sobrevivir nada menos que 1000 cajas de vino.

En tiempos de la guerra civil, dentro de la bodega había una granja de pollos; eran tiempos duros y esta actividad complementaria sirvió para reforzar unos ingresos que habían descendido de forma preocupante.

Para el Centenario de la bodega, allá por 1977, se hicieron 5 tinas gigantes que se siguen utilizando, fueron hechas a la medida por unos cuberos de San Vicente, de roble francés, y cada una de un único tronco de árbol.
 

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