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Marques de Arviza: catacumbas con cata
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| Otra dimensión |
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No siempre las grandes bodegas reflejan la realidad vitivinícola
de la sociedad a la que representan. Siempre han existido en La
Rioja una infinidad de bodegas donde pequeños grupos o familias
han elaborado sus propios vinos, tanto para autoconsumo como para
intercambios comerciales muy limitados. Quizás sean estos
entornos los que mejor reflejen una manera de vivir y una vida que
desde antaño gira en torno a la elaboración del vino,
algo mucho más cercano y próximo que lo que otras
bodegas-empresas puedan transmitir, y donde la cultura del vino
y la enorme herencia cultural que nos ha sido legada pueda llegar
a respirarse y esté al alcance de la punta de los dedos.
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| La bodega |

La bodega como tal es una de las más antiguas registradas
en La Rioja; fue fundada en 1874 por el cónsul de Estados
Unidos en España y mantuvo su actividad hasta hace medio
siglo, comenzando una fase de abandono y deterioro en la que sirvió
de refugio a jornaleros y vendimiadores que estaban de paso. El
punto de inflexión fue un incendio que afectó tanto
a los edificios como a los calados en los que todavía se
aprecian las señales de aquel suceso. Afortunadamente dos
empresarios riojanos y una prestigiosa firma bodeguera de Sanlúcar
de Barrameda (Bodegas Hidalgo-La Gitana) han hecho un considerable
esfuerzo para recuperar el esplendor de esta pequeña joya
del patrimonio enoturístico riojano, respetando en todo momento
la disposición original de edificios y calados.

La bodega se distribuye en dos edificios separados físicamente
pero unidos mediante un entramado de seis calados contiguos y singulares.
El edificio de mayor envergadura es contiguo al de Bodegas Montecillo,
que fue su casa matriz hasta 2001; contiene todas las instalaciones
necesarias para la elaboración y crianza de vinos de Rioja
acorde a las técnicas habituales del momento. El edificio
más pequeño es una bodega familiar del siglo XVII,
que ha sido acondicionada como club social; es en esta zona donde
se descubrieron los dos lagos de sillería, pero lo que destaca
es un amplio espacio de más de 150 m2 con techos muy altos
y artesonado de madera habilitado como comedor, para todo tipo de
celebraciones y eventos. Todos los detalles están muy cuidados,
como es el caso de una gran tina de roble que ha sido reconvertida
en una minicafetería.
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