Marques de Arviza: catacumbas con cata
Otra dimensión


No siempre las grandes bodegas reflejan la realidad vitivinícola de la sociedad a la que representan. Siempre han existido en La Rioja una infinidad de bodegas donde pequeños grupos o familias han elaborado sus propios vinos, tanto para autoconsumo como para intercambios comerciales muy limitados. Quizás sean estos entornos los que mejor reflejen una manera de vivir y una vida que desde antaño gira en torno a la elaboración del vino, algo mucho más cercano y próximo que lo que otras bodegas-empresas puedan transmitir, y donde la cultura del vino y la enorme herencia cultural que nos ha sido legada pueda llegar a respirarse y esté al alcance de la punta de los dedos.

Los calados.


No es fácil acceder a bodegas que encajen en esta clasificación, y este es el verdadero elemento diferenciador que da un valor añadido a la visita a las bodegas Marqués de Arviza, que ha sabido recuperar con mucho acierto una serie de cuevas y calados que han llegado hasta nosotros desde los siglos XVI y XVII. Hay que tener la perspectiva histórica suficiente para valorar el tremendo esfuerzo que suponía su construcción en tiempos donde absolutamente todo se hacía a mano. Añadir sólo un arco a uno de estos calados suponía el trabajo de uno o dos inviernos, ya que esta era la única época del año en la que se podía derivar algo de tiempo a este tipo de trabajos, que han pasado a formar parte del patrimonio artístico riojano.

Afrontar los desgastados escalones que se sumergen en la oscuridad es como zambullirse en un espacio donde el tiempo está detenido, y donde se puede contemplar casi todo el catálogo de elementos arquitectónicos relacionados con la elaboración y conservación del vino: lagos hechos con piedra de sillería y que tuvieron que ser rescatados de una capa de hormigón, depósitos vitrificados (recubiertos con azulejos de vidrio) ahora abiertos para mostrar al visitante como el vino se encargó de teñir de forma separada cada zona de los mismos, enormes depósitos enterrados que exigían acrobáticas y claustrofóbicas labores de limpieza, toberas horadadas que comunican niveles de forma laberíntica. Detalles como algunas marcas de canteros romanos en los grandes bloques de sillería parecen conectarnos con un pasado mucho más remoto y que nos recuerdan que estamos en un gran eje cultural como es el Camino de Santiago.

La bodega

La bodega como tal es una de las más antiguas registradas en La Rioja; fue fundada en 1874 por el cónsul de Estados Unidos en España y mantuvo su actividad hasta hace medio siglo, comenzando una fase de abandono y deterioro en la que sirvió de refugio a jornaleros y vendimiadores que estaban de paso. El punto de inflexión fue un incendio que afectó tanto a los edificios como a los calados en los que todavía se aprecian las señales de aquel suceso. Afortunadamente dos empresarios riojanos y una prestigiosa firma bodeguera de Sanlúcar de Barrameda (Bodegas Hidalgo-La Gitana) han hecho un considerable esfuerzo para recuperar el esplendor de esta pequeña joya del patrimonio enoturístico riojano, respetando en todo momento la disposición original de edificios y calados.

La bodega se distribuye en dos edificios separados físicamente pero unidos mediante un entramado de seis calados contiguos y singulares. El edificio de mayor envergadura es contiguo al de Bodegas Montecillo, que fue su casa matriz hasta 2001; contiene todas las instalaciones necesarias para la elaboración y crianza de vinos de Rioja acorde a las técnicas habituales del momento. El edificio más pequeño es una bodega familiar del siglo XVII, que ha sido acondicionada como club social; es en esta zona donde se descubrieron los dos lagos de sillería, pero lo que destaca es un amplio espacio de más de 150 m2 con techos muy altos y artesonado de madera habilitado como comedor, para todo tipo de celebraciones y eventos. Todos los detalles están muy cuidados, como es el caso de una gran tina de roble que ha sido reconvertida en una minicafetería.
Las visitas

Visitas
Con cita previa. De martes a sábados a las 12 h. Visita guiada en castellano.
Grupos, otros horarios o idiomas (inglés, francés y portugués), consultar con bodega.
Cata con vino de crianza y reserva + tapa: Grupos normales: 6 €
Comedor
Reserva de comedor para grupos (hasta 100 personas) y opciones de menús..
Club de la barrica
Club limitado donde los socios serán parte de la propia bodega.
Máximo: 107 socios (tantos como barricas).
Los socios además tendrán acceso al salón y espacios privados, preferencias en las reservas y dispondrán de un espacio en el cementerio para conservar sus botellas, así como personalizar el etiquetado y envío del vino apadrinado (una barrica).

 

RSS
Guía de las Bodegas y los vinos de Rioja: www.riojadivino.com